jueves, 21 de enero de 2010

Nuestra Señora de las Angustias


El mismo día en que la Congregación de la Buena Muerte se constituye en Congregación-Hermandad de las Angustias y Buena Muerte en 1941 se acuerda la firma del contrato para la ejecución de la imagen de Nuestra Señora de las Angustias con el imaginero malagueño José Navas-Parejo Pérez. Se le hace saber que ha de ser "reproducción exacta de la que se venera en Granada" talla próxima al estilo de Gaspar Becerra (s.XVI), y que hasta el s.XIX se mostraba en su posición real, erguida. Navas-Parejo representa la Sexta Angustia de María que, a imagen y semejanza del icono granadino, apuesta por una visión mística del patético momento en que la Virgen muestra a su hijo muerto. Este misterio hierático lo compone una talla de la dolorosa erguida detrás de Cristo yacente, quien aparece posado sobre un altar. La Virgen mantiene la mirada levemente inclinada hacia abajo y al frente, hacia un hipotético espectador. A su vez, los brazos se muestran abiertos con las palmas de las manos hacia arriba en actitud oferente de Jesucristo en cuerpo yacente. De este modo, se trata de un original misterio mariano en el que la fuerza del mensaje recae en la figura de María al estilo de una primera sacerdotisa, Madre de la Iglesia y Corredentora del género humano presentando el sacrificio de su hijo como camino de la salvación de la humanidad

 La imagen se bendice el 10 de abril de 1943 en el Sagrado Corazón de Jesús si bien no sale en procesión hasta la Semana Santa de 1951. Navas-Parejo, que percibió por este trabajo 13.500 pesetas, representa un rostro maduro, de aires castellanos, que se asemeja al de la patrona de Granada, siendo los ojos de cristal, con pestañas postizas en los párpados superiores y cinco lágrimas de cristal que corren por las mejillas, tres a la derecha y dos a la izquierda. Fue nuevamente policromada en 1995 por José Lucena Gómez quien también recibe el encargo de acortarle el candelero, quedando la efigie del yacente en una posición algo más elevada. Así, la iconografía resultante sugería una interpretación más cercana a una piedad que a su lectura original y especialísima.
Durante la Cuaresma de 2008, el imaginero Fernando Murciano llevó a cabo la sustitución de las antiguas pestañas por unas nuevas y en el año 2012 le devuelve al candelero su altura original, acercándose, de nuevo, a una interpretación iconográfica más fiel a su lectura primitiva penitencial.






La imagen del Cristo yacente se trata de una imagen anatómicamente bien proporcionada pese al poco detallismo de su acabado en la que destacan sus mortecinas carnaciones y acentuada rigidez cadavérica. Precisamente en noviembre de 2007 Fernando Murciano lo restauró eliminando los añadidos, repintes y elementos metálicos que presentaba y sustituyendo en parte éstos por espigas de madera. Se aprovechó también para revisar los ensambles, si bien aquellos ya habían sido reforzados en una restauración anterior y se recuperó parte de la policromía original reintegrándose al óleo las zonas irrecuperables con sus correspondientes pátinas. Los ojos, que son pintados en la madera, aparecen entreabiertos al igual que los labios, a causa del violento fallecimiento, presentando el pómulo derecho fracturado y ensangrentado si bien la posición de las extremidades difiere del modelo granadino.
Establecida canónicamente en la Iglesia Parroquial de San Juan Evangelista de Almería







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